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miércoles, 16 de octubre de 2013

Just scared

    De chicos todos nos dicen qué debemos hacer y qué no, qué está bien y qué está mal, reglas, reglas y más reglas. Poco a poco nos vamos "soltando", obedeciendo sólo lo que queremos y haciendo oídos sordos a los demás; pero no es suficiente... No, llega un punto en nuestras vidas donde debemos empezar a tomar importantes decisiones por nuestra cuenta, pero al no estar acostumbrados aparece nuestro peor enemigo: el miedo. Es increíble como muchas veces logra apoderarse de nosotros, haciéndonos sentir débiles e inferiores. La indecisión es, considero yo, la peor enemiga del ser humano; el miedo de perder algo por elegir otra cosa... Sí, a todos nos pasa.

  De la mano de nuestra no muy querida amiga "Indecisión", vienen también Confusión y Duda (gran fiesta, ¿no?). Pensamos, meditamos, volvemos a pensar, volvemos a meditarlo, intentamos elegir pero seguimos dudando... un gran círculo vicioso. Es por eso que, debido a que este último tiempo estoy transitando por difíciles decisiones, llegué a una simple conclusión. "Let it be", dijo Lennon. Y así es, debemos dejar que todo fluya, dejando de lado el miedo a equivocarnos, ya que todo sirve para guiarnos en nuestro camino. En él, conoceremos personas y viviremos experiencias únicas, las cuales jamás olvidaremos. Es más, cuantos más errores se cometan, mayor cantidad de historias y anécdotas podremos contar cuando seamos viejos ¿No creen que sería algo aburrido ser siempre perfectos? Si no existiera la equivocación, la vida perdería ese "que se yo" de adrenalina diaria, la gran satisfacción personal que nos brinda hacer algo que considerábamos imposible e inalcanzable.

viernes, 20 de septiembre de 2013

Polemic girl

  La chica que acaparó toda la atención en las redes sociales este último tiempo, que ha dado de qué hablar en más de una ocasión, fans y "haters" de este gran cambio en su carrera musical; así es, nada más y nada menos que Miley Cyrus.

  Como la mayoría de las chicas de mi edad, gran parte de mi adolescencia fue acompañada de la mano de "Hannah Montana", un programa de televisión al típico estilo Disney, en el que hay un grupo de personajes con distintas personalidades, gustos y formas de ser (con los que muchas personas podían sentirse identificadas). Ahí podíamos ver a Miley interpretando un personaje con doble cara: una famosa artista por un lado, y una chica completamente normal por el otro. Así, nuestra imagen de ella quedó conformoda por lo que la empresa Disney quería vendernos: una dulce e inocente chica con cálida sonrisa, que jamás se involucraría en nada "turbio". Pero... ¿qué pasó después? Simple. La serie terminó, el contrato con la empresa se rompió, y la verdadera personalidad de Miley salió a la luz: dos semanas después de finalizada esta etapa, la actriz dio a conocer una nueva imagen "hipersexualizada" con el videoclip  Can´t Be Tamed, el cual causó un gran furor e impacto en todo el  mundo...Hannah Montana había desaparecido para siempre  Ver video Can´t Be Tamed 

miércoles, 31 de julio de 2013

So... What's Next!?

  Cursando quinto año, a punto de cerrar una gran etapa para comenzar otra. Tantas dudas, miedos y curiosidades... todo nos remite a una sola pregunta: y, ¿ahora qué?
  Aparece la famosa crisis del qué estudiar, qué hacer con mi vida, quién quiero ser, qué esperan los demás de mí, qué, qué, qué y más QUÉ. Pareciera que se nos viene el fin del mundo, que el hecho de terminar el colegio secundario implica el final de nuestra vida “feliz” y sin preocupaciones. Sin embargo, eso no es más que un mito muy, muy errado. Este no es el final de nuestras vidas, es apenas el comienzo.
  En mi caso particular, la indecisión está a la orden del día. Creo que, sin ánimos de exagerar, pasé por prácticamente todas las carreras en el lapso de dos años. Mis amigos, familia y profesores intentaban darme sus opiniones, pero cada cosa que decían sólo me confundía más y más.
  Leyendo un artículo en una revista acerca de la orientación vocacional hace unos meses, me encontré con un consejo bastante interesante: “a la hora de elegir una carrera, recordá qué disfrutabas hacer de niño, ahí está tu esencia”. Vaya estupidez, pensé en un principio; ¿bailar? ¿cantar? ¿dibujar? ¿dormir? ¿Se supone que eso iba a ayudarme a encontrar mi verdadero yo?
  No fue hasta después de hacer una tarea para el colegio que hice el “clic” que necesitaba haber hecho hace mucho tiempo. La profesora nos pidió que escribiéramos una historia, un cuento, una nota periodística, lo que sea que nos pareciera más cómodo. Mientras pensaba y escribía, sentí un gran placer al hacerlo, algo que nunca había sentido a la hora de hacer tareas del colegio. Fue entonces que comencé a tener “flashes” de experiencias vividas: cuando estaba en primaria me la pasaba escribiendo extraescolarmente, me encantaba hacerlo y mi maestra siempre me felicitaba; cuando nos preguntaron qué queríamos ser en el futuro, yo automáticamente dije “quiero ser escritora”,  y nuevamente conté con el apoyo de mi maestra; hubo un verano entero que, a falta de internet, me la pasé escribiendo una novela (la cual jamás terminé). Todos estos recuerdos hicieron que me avivara acerca de qué era lo que en verdad me gustaba, y por dónde iba mi camino en realidad.
  Sentí una gran felicidad al encontrarme a mí misma, todo ese viaje hacia al autoconocimiento me había resultado muy satisfactorio, además de haber encontrado mi esencia en lo que en algún momento creí que era una falacia. Sin embargo, toda parte positiva tiene su contraste; y allí me encontraba yo, sabiendo a qué iba a tener que enfrentarme a la hora de comentarle a los demás qué quería ser. Sabía que no iba a contar con mucho apoyo, y que muchos conocidos iban a sentirse algo decepcionados por mi elección. Pero, ¿qué iba a hacer? ¿Estudiar y trabajar de algo que no me gusta sólo para complacer a los demás? No, ya no más. Toda la vida siempre busqué tener la aprobación del resto. Pero hasta acá llegué, por más que suene un tanto cliché, voy a seguir mi vocación para hacer lo que en verdad me apasiona: escribir. Nada más me importa ahora. Y sí, admito tener mucho miedo al fracaso; pero, por otro lado, me admiro a mí misma por tener la fuerza de voluntad para ignorar las críticas externas.


“Soñamos escribiendo, escribimos para soñar”