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miércoles, 13 de enero de 2016

¿Por qué estoy haciendo esto?

Dhaniela Romero

No estoy en pareja, pero tengo un amante. Sí, un amante. El fuego arde ante nuestros ojos y la pasión es incontenible. No queremos soltarnos. Nos cuesta despedirnos. Podemos pasar horas sin dormir, sin comer, sin ver a otras personas... todo con tal de estar juntos. Solos.

El problema: las peleas son igual de intensas. Nos gritamos. Nos herimos. Nos alejamos. Somos infieles.

Pero siempre volvemos a tropezar.

Sí. Periodismo. Esa relación amor-odio que nos complica la vida.



jueves, 24 de diciembre de 2015

Desesperación

   Y entonces despertás, pero ya nada se siente igual. Algo te falta, pero no sabés qué. Los días se vuelven monótonos; las noches, eternas. Una sonrisa falsa se dibuja en tu rostro; todo con tal de no preocupar a nadie alrededor. No reconocés el reflejo en el espejo, ni las palabras que salen de tu boca. Un disfraz de vos mismo parece ser la mejor solución. 
"¿Depresión?, ¿volviste?, ¿OTRA VEZ?  Me detesto". 

De pronto, un rayo de luz.
Nan Goldin, Amanda in the mirror (1992)

martes, 28 de julio de 2015

Fahrenheit 451: la profecía se hace realidad

   Diversos pensadores afirman que el fin último del hombre es la felicidad, pero ¿qué pasaría si, de un día para otro, despertáramos en un mundo completamente tecnificado para tal fin? Fahrenheit 451 nos presenta una sociedad distópica que “facilita” el bienestar de sus individuos mediante la censura y la represión; una sociedad en que la tecnología, la explotación de las masas y la presión de las minorías alentaron la desaparición de los libros. Y el gobierno supo sacar ventaja de ello: se convirtió en un totalitarismo “encubierto”, bajo la máscara de una supuesta promesa de felicidad continua. 
   Aunque resulte difícil de creer, más de sesenta años han transcurrido desde la publicación de Fahrenheit 451. Y si bien su autor, Ray Bradbury, ha aclarado en más de una ocasión que su intención nunca fue hacer predicciones sobre el futuro , sus advertencias ya no se encuentran tan lejanas a nuestra realidad. Somos testigos de sus avisos más preocupantes: los que han empezado a cumplirse.

lunes, 6 de julio de 2015

Despertar para sobrevivir

   ¿Cuántas veces quisimos desaparecer del mundo para no volver jamás? Si tienen cierta tendencia "inseguro-depresiva" como yo, de seguro unas cuantas. Y no, no me avergüenza admitirlo. Después de toda gran crisis siempre viene un cambio revolucionario que nos salva. ¿Qué es eso que nos mantiene vivos mientras tanto? ¿Esperanza?, ¿resignación?, ¿una mezcla de ambas quizás?


martes, 29 de julio de 2014

"Sálvame y te salvaré"

  No importa quién, cuándo, dónde ni por qué. Todos, en algún punto, necesitamos ser salvados de nosotros mismos. Sin embargo, es probable que no nos demos cuenta de ello hasta que suceda. Personalmente, yo lo viví este año. Sí, antes no comprendía del todo el significado de la frase en latín “serva me, servabo te” que en español significa “sálvame y te salvaré”. 

domingo, 22 de septiembre de 2013

Neighbour problems


  Anécdotas familiares, o de gente cercana, todos tenemos alguna historia graciosa para contar. Y aquí viene la mía, escuchada en una cena con amigos de la familia.
  Para ponernos en contexto, la situación es: estacionamiento de un edificio con varias personas bastante "jodidas" intentando compartir un mismo espacio. Resulta que, en esta cochera, si un auto se estaciona delante de otros dos, los de atrás no pueden salir y así sucesivamente (una distribución bastante extraña y molesta). Quien se encarga de mover los autos cada vez que alguien quiere salir es el portero, pero como cualquier persona, él también tiene vacaciones. Y ahí es donde empieza el problema.
  Se imaginarán que, cualquiera puede tener una urgencia a cualquier hora y necesite usar su auto. Ahora, ¿qué pasa si necesita correr otro para pasar, y no hay quien lo haga? Sí, debe recurrir a un simple método... tocarle el timbre a su querido vecino (quien seguramente estará muy contento de levantarse a la madrugada para mover su auto). De esta forma, los vecinos empiezan a conocerse más entre ellos; ya saben sus horarios, dónde les conviene estacionar para no tener que levantarse temprano, con quienes vienen acompañados y demás. Pero como siempre, hay vecinos algo "mala leche" o quienes tienen una muy mala relación y de vez en cuando hacen alguna que otra maldad.
  Existen aquellos que estacionan en cualquier lado, quienes dejan puesto el freno de mano a propósito para imposiblitar movimiento, los que se dejan notas amenazadoras en el parabrisas, o, los más graciosos, con quienes se dan este tipo de situaciones:

5 am. Señor X necesita ir a trabajar, pero necesita que el señor Y mueva su auto para poder salir. Este se dirige entonces hacia el departamento de su vecino.

-
Hola señor Y, soy X. Necesitaría que mueva su auto para ir a trabajar.
- NO ESTOY. CHAU.
- Pero, pero... NECESITO SALIR.
- Y YO DORMIR, PELOTUDO. CHAU.

lunes, 5 de agosto de 2013

Where dreams come true

  Soy de las que creen que cada persona tiene su lugar en el mundo, que cada quien se siente bien sin importar nada en un lugar específico, donde todo lo que sucede allí es mágico e inolvidable. No importa qué tan simple pueda ser el lugar, en tanto uno sienta que es ahí a donde pertenece, donde debe estar. Es allí donde se cruzan nuestras emociones, deseos, ambiciones; donde quisiéramos que los momentos fueran eternos. Sentimos paz, felicidad, armonía; sensaciones que son indescriptibles, propias de cada uno. Se trata, básicamente, de inhalar buenas vibras para exhalar aquellas negativas que no nos dejan avanzar.


  El lugar en donde yo me sentí hallada fue, nada más y nada menos, que en Estados Unidos (sí, tuve la suerte de poder viajar allí). No sé por qué exactamente, pero sí que fue lo que influyó en ese sentimiento. Por un lado, una de mis grandes pasiones: los juegos extremos; todo tipo de montañas rusas, atracciones, toboganes de agua y demás, lo que me hizo increíblemente feliz. Es de los pocos momentos en que puedo olvidarme de todo por al menos unos segundos o minutos, y simplemente dejarme llevar por la adrenalina recorriendo mi cuerpo entero. Sin embargo, creo que la verdadera razón fue el hecho de estar a miles de kilómetros de mi "realidad"; allí, tan lejos, tan desconectada, pude darme a la entera reflexión sobre mi vida. 
  Otro de los lugares en los que siempre me siento bien, es el centro de mi ciudad. Tal vez sea por el hecho de haber vivido allí de pequeña, o por haber ido tantas veces a ver a mi papá al trabajo. No lo sé, sinceramente. Sólo sé que cada vez que paseo por ahí siento una gran paz interior, y todo mi “yo” se desconecta del mundo por un rato. Una sensación en verdad hermosa.
 En fin, con esta reflexión simplemente quería lograr que cada uno pudiera visualizar “su lugar de pertenencia”, ya que no hay nada más placentero que estar allí para encontrase con uno mismo. Es una sensación tan, pero tan personal, que compartir las experiencias con otra persona siempre será interesante.

"People change, memories don't"


martes, 30 de julio de 2013

Behind the mask


  Nunca fui la clase de chica a la que le gusta causar problemas o llamar la atención. No, siempre fui relativamente tranquila y pasaba desapercibida a todo momento; tanto, que muchas veces ni siquiera notaban mi ausencia. Se podría decir que era algo así como “invisible” al ojo humano... por lo menos hace algunos años. Sin embargo, mi propósito no es escribir para dar lástima. No, quiero que todos conozcan mi verdadero yo, y cómo una persona cambia gracias a las enseñanzas que la vida va dejando a lo largo del camino. Quiero destacar que nada es para siempre y, por más que duela, ésta es una gran verdad a la que debemos aferrarnos, todo y todos cambian. Sin embargo, la vida continúa. Cada final es un nuevo comienzo, una nueva historia en nuestras vidas...
  Ya desde pequeña empecé a adaptarme a los finales; nueva casa, nuevo colegio, nuevo entorno. Este ciclo se repetía constantemente en mi vida. De esta forma, nunca llegaba a formar grandes amistades ni a encariñarme demasiado con las personas, lo cual, supongo, es algo positivo; las despedidas hubieran sido mucho más dolorosas de haber sido así. Sin embargo, hubo un punto en mi vida en el cual todo pareció estabilizarse. Y allí estaba yo, siendo la “chica nueva” otra vez, en un colegio diferente. A comparación de los demás, este colegio difería en que era religioso, todo giraba ahora en torno a Jesús.
  Todavía recuerdo mi primer día de clases a la perfección. Me encontraba totalmente tímida y callada en un rincón, mientras todos corrían y se divertían por doquier. Al momento de tener un lugar en el aula, me encontré nuevamente aislada de los demás. Sin embargo, mi profesora fue quien nos ubicó. Creo que estoy en deuda con ella, de no haber sido así quizás hoy en día mi vida sería completamente diferente. Así conocí a cierta personita, quien hasta el día de hoy sigue siendo mi mejor amiga. Es de esas personas en quien uno puede confiar ciegamente, que lo dan y sacrifican todo por sus amigos. Cada vez que recordamos estas épocas siempre me señala cosas como "¿te acordás cuando eras re tímida? ¿cuándo casi ni hablabas? ¡Cómo cambia todo!" Así es... todo cambia, pero lo importante es que nosotras siempre nos mantuvimos unidas sin importar nada.
  A pesar de que cuando estaba en sexto grado tuve una fuerte pelea con mi amiga y, en consecuencia, me cambié de colegio, luego de algunos años retomamos nuestra relación. Creo que esa pelea nos hizo más fuertes, hoy en día es la hermana que nunca tuve. Pues bien, sí, volví a cambiarme de colegio. Aquí iba todo el proceso de nuevo; un nuevo comienzo, un nuevo entorno, una nueva adaptación. Sin embargo, en este colegio todo se me hizo mucho más difícil. Al ser más grande, los grupos ya estaban formados, por lo que me costó mucho hacer amigos. Finalmente formé un grupo bastante sólido, que duró muchos años y jamás voy a olvidar. Si hay algo que he aprendido es que no importa la cantidad de amigos, sino la incondicionalidad de los que se tenga. Y mi grupo de amigos era un fiel reflejo de eso; siempre estaban ahí para mí, tanto en los momentos difíciles como en los felices.
  Cuando empecé la secundaria, todo volvió a cambiar. El grupo de amigos que había formado volvió a separarse, cada quien se fue a un colegio diferente, obligándome a tener nuevamente otro comienzo. Para ese momento ya estaba harta de los finales, sin embargo, ya eran parte de mí, algo a lo que estaba acostumbrada y no por eso iba a dejar de salir adelante.
  Ya en segundo año volví a tener otro comienzo, una pelea por la cual pude conocer mejor a otra compañera, quien se hizo una gran amiga mía. Ese año fue bastante complicado, ya que tuve que empezar con tratamiento psicológico a causa de un tema familiar, y la pelea no ayudó mucho.
  Pero como ya he dicho, todo y todos cambian, por lo que uno debe acostumbrarse a estas situaciones. Como dicen, “es más fuerte quien se cae y se levanta, que quien nunca se ha caído”. Mi vida hasta ahora ha sido un fiel reflejo de esta frase, ya que sin importar la cantidad de veces que me caí, siempre volví a levantarme, sin importar cuánto me pudo haber costado.
  Mi tercer año fue algo diferente a lo que estaba acostumbrada; nuevas amistades, nuevas salidas, nuevas experimentaciones... Sin embargo, nada de esto parecía llenarme del todo, siempre sentía que algo me faltaba.
  Ahora me encuentro en quinto año, así es, el año en el que todos desean estar, el año del viaje de egresados, la fiesta... básicamente “EL año” para la mayoría de las personas. Pero esto no se aplica en mí. No, ha sido un año bastante duro para ser honesta. Como habrán de imaginarse a esta altura, todo indica un nuevo final en mi vida. Y así es.
  No voy a entrar en detalles, pero cabe destacar que en lo que va del año tuve que "despedirme" de personas a quienes consideraba grandes amigos. Pero, como siempre digo, de todo se aprende. Y sí, en este tiempo he aprendido bastante. El hecho de tener gente a mí alrededor criticándome en un principio me hizo parecer débil. Sin embargo, luego me di cuenta que lo único que esto generaba era hacerme cada vez más fuerte. Pude darme cuenta quienes me quieren de verdad, lo cual siempre me costó reconocer. A decir verdad, estoy casi que agradecida por todo lo que pasó; de no haber sido por ello, no tendría el grupo sólido de amigos que tengo hoy en día, gracias a que el alejarme de los demás implicó acercarme más a ellos. Personas simplemente increíbles a quienes les debo todo.


  Y sí, lo admito, el dolor de dejar atrás a personas que en el pasado significaron mucho es bastante grande. Pero así es como uno aprende, y este año definitivamente ha sido en el que más he aprendido. Muchos me juzgan y hablan de más, pero, ¿qué importa? Quienes en verdad me quieren no me juzgan y saben que mis malas decisiones no determinan lo que soy. No, una persona vale mucho más que eso...